La Fumada de Orégano
El confinamiento llevaba semanas exprimiendo nuestra cordura. Algunas lloraban, otras cocinaban compulsivamente… y nosotras, pues nos dio por lo que nos dio: hablar de drogas inexistentes y considerar fumarnos el orégano de cocina. Sí, habíamos tocado fondo.
Lola fue la que abrió la veda aquella tarde. Venía de un día gris, de esos en los que solo quieres manta, helado y cero pensamiento racional.
LOLA: Ayer me levanté fatal. Me fui a comprar y me dio por llorar. Me he pillado 3 tarrinas de helado, una sin azúcar para mí, patatas, chocolate, Coca-Cola… y llevo 3 días fumando. No mucho, pero lo justo para estar en paz.
Natacha fue la primera en reaccionar, como si fuera la voz de la razón.
NATACHA: Lola, eso no te ayuda nada. Te vas a sentir peor. Sal a andar.
VIOLETA: ¡¡¡Lola, noooooo!!!
Pero Lola siguió confesando como si fuese terapia grupal obligatoria.
LOLA: Después de 8 años sin fumar, unas caladitas y como nueva. Luego ya vino la gula, jaja.
Martina, cómo no, apareció con su humor de supervivencia.
MARTINA: ¡¡¡La foto de la pipa de la paz en el diario, por favor!!! Me meo.
Y ahí empezó la decadencia colectiva. Como si fumar fuera una actividad olímpica, acabamos comparándonos.
VIOLETA: Vamos a salir adictas.
AURORA: ¡Virgen santa!
Y entonces llegó La Pregunta que lo cambió todo:
VIOLETA: Yo para uno que quiero fumar… ¿me lo regaláis? Mañana paso y me dais unas hierbecitas.
NATACHA: Yo también quiero, zorris.
Y Martina, cómo no, añadió gasolina al incendio:
MARTINA: Mañana os acerco uno a cada una.
Fue entonces cuando apareció el comentario que pasaría a la historia del grupo:
VIOLETA: Al igual me pongo orégano seco a ver si hace algo.
MARTINA: Eso te entra en un pulmón y te destroza.
NATACHA: Tengo orégano. Lo mezclaré con finas hierbas, igual sube más. Madre mía, estamos listas de papeles.
Sí, efectivamente: estábamos discutiendo seriamente sobre si colocarse con orégano. Nivel de pandemia: experto.
La conversación fue creciendo como una bola de nieve mal hecha.
LOLA: Estamos entrando en la adicción. El confinamiento acaba con nosotras. Todas en un puto manicomio.
VIOLETA: ¿Cómo se desinfecta la hierba?
MARTINA: Luna, ve a explicarle a tu novio qué clase de amigas tienes.
NATACHA: A mí antes de traerlo tenéis que liármelo, que no sé hacerlo.
En algún momento, alguien recordó un episodio glorioso.
MARTINA: Un día Lola acabó vomitando terraza abajo, desde el balcón.
LOLA: Tu culpa, querías matarme.
La conversación culminó con la joya final del grupo:
MARTINA: Nos estamos drogando con orégano.
VIOLETA: Buscamos maneras de drogarnos sin matarnos.
LOLA: Más putas que las gallinas y encima yonquis de orégano.
Finalmente, Coral entró al chat después de horas sin leer:
CORAL: ¿Madre mía, 220 mensajes? ¿De qué estáis hablando?
MARTINA: De que somos yonquis del orégano.
Así transcurrió una tarde normal en nuestro grupo durante el confinamiento: risas, locuras y la demostración científica de que el aburrimiento prolongado es peligroso.